Te hecho de menos...
Quisiera no llorar por aquellos besos, besos lanzados, besos tímidos, besos pasionales, de deseo, con ganas de más o con ganas de menos.
Quisiera no llorar por tu sonrisa de niño bueno, por tus colmillos afilados en los que me fije aquel jueves bendito a eso de las 11 y media de la noche.
Mucho menos me gustaria llorar por tus miradas sucias y deseosas de sexo correspondido, pero por suerte o por desgracia, no llevado acabo. Lo siento. De verdad que lo siento. Pero el destino o quizás Dios es así. No me culpes a mí por eso, cúlpame por sentir algo irrefrenable.
Quiera ser fuerte y no hecharte de menos.
Olvidar todo lo que esperé nuestro momento y que poco lo disfruté cuando te tuve entre mis brazos mirándome fijamente. El verano pasado y mi último día del anterior ya te empecé a desear. Fue un flechazo, aunque ahora mismo sigo sin creerme que te guste, que me halla pasado tres días besando tus labios y mucho menos tres días pensando en ti, en ti y en lo que no sentía. En ti y en lo que al final he sentido. Tres días echándote de menos, una hora en la cama de tus padres hablando y lo que no es hablar. Besos a escondidas en el callejón de entre nuestras casas y ganas, no se ni porque de estar contigo.
Sí chico, no puedo evitarlo y ahora mismo estoy llorando.
No es un llanto incontenible, es tímido y sencillo, como lo he sido yo contigo. No he sido una leona ni una gata en celo, como posiblemente te ubiese gustado, pero tampoco he sido yo misma como me ubiese gustado a mí. Tenía tantas ganas de tí que ni siquera sé como pude ser tan tonta. Te echo de menos, y soy más tonta a cada segundo, a cada lágrima, a cada pensamiento que pierdo por ti. Tú que estás perdido, perdido con tu blackberry a 352 putos kilómetros y que no te voy a ver hasta dentro de cuatro mierdas de meses, porque no les puedo dar otro nombre.
Me asaltan las dudas.
Dudas sobre los dos, dudas sobre nosotros. Dudas sobre nuestros besos, sobre nuestras sonrisas, dudas sobre nuestro amor. Dudas sobre nuestro futuro.
Tengo miedo.
Miedo del futuro.
Que
Te quiero, que me gustas y que quiero más tiempo contigo.
Que no se como decírtelo. Que me importas, que tengo ganas de llorar: por ti, por tu culpa o por la mía.
Dejemos lo en que te echo de menos. Que tú lo sabes, que te lo dije precioso, aunque quizás tú mismo te lo negaste a creer.
Quisiera no llorar por aquellos besos, besos lanzados, besos tímidos, besos pasionales, de deseo, con ganas de más o con ganas de menos.
Quisiera no llorar por tu sonrisa de niño bueno, por tus colmillos afilados en los que me fije aquel jueves bendito a eso de las 11 y media de la noche.
Mucho menos me gustaria llorar por tus miradas sucias y deseosas de sexo correspondido, pero por suerte o por desgracia, no llevado acabo. Lo siento. De verdad que lo siento. Pero el destino o quizás Dios es así. No me culpes a mí por eso, cúlpame por sentir algo irrefrenable.
Quiera ser fuerte y no hecharte de menos.
Olvidar todo lo que esperé nuestro momento y que poco lo disfruté cuando te tuve entre mis brazos mirándome fijamente. El verano pasado y mi último día del anterior ya te empecé a desear. Fue un flechazo, aunque ahora mismo sigo sin creerme que te guste, que me halla pasado tres días besando tus labios y mucho menos tres días pensando en ti, en ti y en lo que no sentía. En ti y en lo que al final he sentido. Tres días echándote de menos, una hora en la cama de tus padres hablando y lo que no es hablar. Besos a escondidas en el callejón de entre nuestras casas y ganas, no se ni porque de estar contigo.
Sí chico, no puedo evitarlo y ahora mismo estoy llorando.
No es un llanto incontenible, es tímido y sencillo, como lo he sido yo contigo. No he sido una leona ni una gata en celo, como posiblemente te ubiese gustado, pero tampoco he sido yo misma como me ubiese gustado a mí. Tenía tantas ganas de tí que ni siquera sé como pude ser tan tonta. Te echo de menos, y soy más tonta a cada segundo, a cada lágrima, a cada pensamiento que pierdo por ti. Tú que estás perdido, perdido con tu blackberry a 352 putos kilómetros y que no te voy a ver hasta dentro de cuatro mierdas de meses, porque no les puedo dar otro nombre.
Me asaltan las dudas.
Dudas sobre los dos, dudas sobre nosotros. Dudas sobre nuestros besos, sobre nuestras sonrisas, dudas sobre nuestro amor. Dudas sobre nuestro futuro.
Tengo miedo.
Miedo del futuro.
Que
Te quiero, que me gustas y que quiero más tiempo contigo.
Que no se como decírtelo. Que me importas, que tengo ganas de llorar: por ti, por tu culpa o por la mía.
Dejemos lo en que te echo de menos. Que tú lo sabes, que te lo dije precioso, aunque quizás tú mismo te lo negaste a creer.
YA NO ME ACUERDOY sí, soñé contigo y posiblemente lo vuelva a hacer...

No hay comentarios:
Publicar un comentario